Cuando Agosto baja el volumen: Carta a quienes han olvidado escucharse entre tanto ruido.

“Hay veranos que sirven para descansar. Y hay veranos que, si te das permiso, pueden ayudarte a volver a encontrarte.”

Querido lector:

Si estás leyendo esto desde una tumbona, una terraza, la piscina o cualquier rincón donde el tiempo parece correr un poco más despacio, antes de seguir, quiero pedirte algo:

No leas estas líneas con la prisa con la que lees el resto de cosas durante el año.

Léelas como quien se toma un café sin mirar el reloj.

Porque quizá eso sea precisamente lo que Agosto viene a recordarnos.

Que no todo tiene que hacerse deprisa.
Que no todo tiene que aprovecharse.
Y, sobre todo, que no todo tiene que convertirse en una tarea.

Hace unos meses escribía sobre el piloto automático. Sobre esa sensación de vivir sin detenernos demasiado a preguntarnos si la dirección en la que avanzamos sigue teniendo sentido.

Hoy quiero hablarte de algo diferente:

Porque cuando el verano llega, muchos pensamos que por fin podremos descansar.

Y, sin embargo, hay personas que descubren algo curioso.

Que incluso cuando el cuerpo se detiene… la mente sigue corriendo.

El síndrome del aprovechamiento:

No, no es un término clínico. Es simplemente la forma en la que yo llamo a algo que observo cada verano, tanto dentro como fuera de la consulta.

Durante el año vivimos atrapados en la productividad.

Y cuando llegan las vacaciones…

Cambiamos la productividad por el aprovechamiento.

Ahora toca aprovechar el viaje.
Aprovechar la playa.
Aprovechar para leer.
Aprovechar para hacer deporte.
Aprovechar para meditar.
Aprovechar para cuidarnos.
Aprovechar para descansar.

Hasta el descanso acaba teniendo objetivos.

Y, sin darnos cuenta, convertimos el autocuidado en otra obligación más.

Nos convencemos de que estamos eligiendo.

Pero muchas veces solo hemos cambiado una exigencia por otra.

La tolerancia al vacío:

Hay algo que me llama especialmente la atención:

Hemos aprendido a soportar jornadas interminables, agendas imposibles y semanas llenas de responsabilidades.

Pero cada vez toleramos peor el vacío.

Ese rato en el que no pasa nada.
En el que no hay una notificación.
Ni una conversación pendiente.
Ni una fotografía que subir.
Ni una lista que completar.

Nos incomoda tanto ese silencio que enseguida sentimos la necesidad de llenarlo.

Con el móvil.
Con planes.
Con tareas.
Con entretenimiento.
Con cualquier cosa.

Y quizá ahí esté una de las preguntas más importantes de este verano:

¿Hace cuánto que no estás simplemente contigo?

Sin producir.
Sin demostrar.
Sin mejorar.
Solo estando.

Porque quizá no te cueste descansar.

Quizá te cueste estar contigo cuando ya no hay nada que hacer.

La brújula:

Siempre hablamos de las vacaciones como un momento para recargar la batería.

Pero, ¿y si no fuera esa su función más importante?

¿Y si agosto sirviera para comprobar si esa batería estaba alimentando la dirección correcta?

Porque una batería solo da energía.

Pero una brújula marca el norte.

Y el norte no tiene que ver con hacer más. Tiene que ver con elegir mejor.

Con recordar qué personas te hacen sentir en paz.
Qué lugares te devuelven la calma.
Qué hábitos nacen del cariño hacia ti.
Y cuáles solo responden a la exigencia.
Qué decisiones estás tomando por costumbre.
Y cuáles nacen realmente de quién eres.

Hace meses que probablemente tomas decisiones.

La pregunta es…

¿Hace cuánto que eliges?

No necesitas aprovechar Agosto.

No quiero que esta carta termine con una lista de consejos.
No quiero decirte que medites más.
Que leas más.
Que desconectes más.

Sería caer, precisamente, en el mismo síndrome del aprovechamiento del que te hablaba hace unos minutos.

Solo quiero proponerte algo:

Que este Agosto reserves un pequeño espacio para escucharte.

No para exigirte cambios.
No para planificar septiembre.
No para convertirte en una mejor versión de ti.

Sino para comprobar si la vida que estás construyendo sigue pareciéndose a la vida que quieres vivir.

Quizá la mejor decisión que tomes este Agosto no sea hacer algo nuevo.

Quizá sea dejar de hacer aquello que hace tiempo dejó de parecerse a ti.

Porque las mejores decisiones rara vez nacen del ruido.

Suelen aparecer cuando, por fin, dejamos de llenarlo todo.

Quiero dejarte una última idea antes de despedirme:

No conviertas Agosto en otro proyecto que optimizar. Conviértelo en el mes en el que vuelvas a orientarte.

Quizá no necesites hacer más.
Quizá no necesites ser más.
Quizá solo necesites recordar hacia dónde quieres caminar cuando el ruido deja de decidir por ti.

Porque, al final, una vida en calma no es aquella en la que haces menos. Es aquella en la que necesitas demostrarte menos para sentir que ya estás donde quieres estar.

Y una brújula nunca sirve para decirte quién deberías ser.

Solo para recordarte hacia dónde quieres caminar.

Laura Pérez

Psicóloga General sanitaria

Mindfit psicología

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